EL HOMBRE Y EL LIENZO

El viernes 17 de enero fuimos al Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa), a ver esta obra de Alberto Iglesias, interpretada por el actor y pintor  Javier Ruiz de Alegría.

La interpretación fue impecable, pero lo que me entusiasmó fue el texto. Se trata de un monólogo sobre cómo se enfrenta el “artista” al lienzo, reflexionando sobre el sentido del arte, sobre cómo se ve reflejado en su obra y sobre los condicionamientos personales, que a su vez, también se reflejan en la obra.

Mientras el actor interpreta la obra, va pintando un autorretrato en directo. Es una gozada ver la variedad de técnicas que va utilizando y como va evolucionando la obra. A mí, que no me gusta el arte figurativo, me encantó constatar la utilización de técnicas “propias” del arte abstracto. En cada representación se culmina un nuevo autorretrato. Por cierto que va a haber un sorteo de las obras entre los asistentes a la representación.

Desde luego es una obra muy para amantes del arte. Creo que una persona que no se haya emocionado ante una obra de arte, que no se haya involucrado en el proceso artístico, que no haya reflexionado previamente y a Conciencia sobre el Arte en general; no puede entender que la primera reacción cuando alguien te pregunta “¿Qué es para tí el arte?” sea “¡Tócate los cojones!”. Juro que me salieron las palabras a la vez que al actor, a la vez que al autor de la obra. Y no fue la única vez, coincidí casi cien por cien con las impresiones y reflexiones vertidas en la obra. De hecho me gustaría hacerme con el texto para poder demostrarlo. Y, eso que, como digo, a mí no me gusta el arte figurativo, pero es que para mí, toda obra figurativa o abstracta es un autorretrato del “artista”. No me gusta la palabra “artista”, por eso la entrecomillo, me genera connotaciones negativas. Tal vez relacionadas con el narcisismo, también se habla de ello en la obra. Pero es que no sé con qué otro sustantivo referirme, no sólo a las personas que pintan, sino también a quienes esculpen, a quienes reinterpretan poéticamente un “object trouvé”, a quienes elaboran objetos, assemblages e instalaciones, a quienes reinterpretan el mundo a través de la fotografía o el video… No los puedo llamar pintores, no me gusta “artistas”; tal vez la única palabra que verdaderamente les define sea poetas.

Y la obra es un verdadero poema. Un poema repleto de alegorías, de sentimientos, de emociones, de complicidades. Pero, insisto, complicidades que sólo recomendaría a amantes del Arte. Especialmente a amantes del arte contemporáneo.

Hice fotos antes de comenzar la representación. Mientras el público entramos, el actor ya está trabajando en el autorretrato. En el momento de comenzar la representación ya no se deben hacer fotografías. La última, de la obra terminada, la hice cuando el público estábamos saliendo y desgraciadamente no me salió nítida. Tiene unos colores mucho más vivos, cálidos y tenaces, es un retrato mucho más expresionista de lo que se aprecia en la mala fotografía.

By the way, apunto que fuimos caminando desde Ópera hasta el teatro (desde que me detectaron que tenía la tensión alta camino mucho, y pasamos por la iglesia de San Antón, en la calle Fuencarral, donde se agolpaba una multitud de personas curiosas que queríamos constatar la “bendición” de los animales. Desde mi punto de vista animalista ateo, me parece una forma de maltrato, al nivel de los bautizos de bebés, quienes, tanto los animales como los bebés, no tienen uso de razón para escoger la religión o la filosofía de vida que quieren abrazar. Había una larga cola de personas con perros, vimos a una señora con una tortuga y unos jóvenes con un par de ovejas y un carnero. Me pregunté porqué hoy en día, en la ciudad que tradicionalmente se considera “de los gatos”, ya nadie tiene gatos domésticos. Y desde el punto de vista animalista me alegro, los gatos, que son muy linces, (y todos los animales) viven mejor en libertad. Por experiencia sé que los seres humanos acortamos (y mucho) la vida de los (otros) animales. (Estoy pensando en las tortugas que he tenido y que por ley de vida natural deberían haberme sobrevivido)

También aprovecho para comentar que estuvimos admirando de cerca la obra “Julia” de Jaume Plensa, de 12 metros de altura, que se expone en la explanada de la plaza de Colón, bajo el mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. No es mi estilo, pero es llamativa. Va estar expuesta todo el año.

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